La industria agroalimentaria genera anualmente millones de toneladas de residuos como bagazo de café, y cáscaras provenientes del procesamiento de la nuez. Estos desperdicios son ricos en compuestos bioactivos (polifenoles, ácidos fenólicos, mucílagos) con propiedades antioxidantes y antimicrobianas[. Estudios destacan su potencial para ingredientes funcionales, pero su aprovechamiento es limitado debido a inestabilidad química, baja biodisponibilidad y degradación por luz, pH o temperatura. Investigaciones previas han empleado técnicas de encapsulación como puede ser el spray drying o la formación de liposomas, pero estas presentan baja eficiencia y escalabilidad, especialmente para matrices complejas como lignina o celulosa en paja de trigo.
El electrohilado surge como alternativa: produce membranas fibrosas con alta capacidad de encapsulación y liberación controlada. Se han logrado fabricar materiales electrohilados a partir de proteínas logrando incorporar compuestos activos y evaluando sus características morfológicas, estructurales y fisicoquímicas.